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Me dio una arcada de náusea, pero la mano de los huevos apretó un poco más, y comprendí que no eran momentos de andarse con ascos. No sabía muy bien como se hacía, pero recordaba los vídeos porno que había visto, con tías chupando nabos monumentales, y también cómo lo hacía mi medio novia, y me apliqué al cuento. Era un gran pedazo de carne cálida y viva, y el tío me la metía y la sacaba, la metía y la sacaba, y cada vez que la metía lo hacía algo más adentro. Llegó un momento en que la punta del glande chocó con la campanilla, y pensé que ahí sí que me iba a volver a dar arcadas y que volvería el dolor en los huevos, así que, no sé cómo, me las ingenié para ahuecar la boca y dar cabida a toda aquella carne, que entraba cada vez más. El capullo del nabo traspasó limpiamente la zona de la campanilla y avanzó hacia abajo, buscando la garganta. Tenía un rabo de no menos de 18 centímetros casi totalmente encajado en la boca, y escuché los comentarios de los otros: